
El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el
espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño.
Jorge Luis Borges. El Aleph.
espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño.
Jorge Luis Borges. El Aleph.
¿Qué más le sigue a la realidad? Parece absurda la respuesta, y aún la pregunta, pero la verdad es que no hay nada que coexista con ella y, como no hay nada, lo es todo. La realidad está ahí, flota por doquier pero sabe esconderse. El filósofo se pregunta sobre ella, la estudia, en fin, como dijo Julio Cortázar, la pica con un palito y ella se deja: ¿en verdad existe Dios?, ¿qué es el amor?, ¿cuál es el fin trascendente de nuestra vida? Nos lo preguntamos todo pero no nos respondemos nada porque, al final de cuentas, no sabemos por dónde empezar. En cambio el artista busca la realidad de otra manera, quizás explorando los sótanos de una casa, andando por las callejuelas de París, o bien, entre la miseria, que es lo mismo que hablar sobre perversiones, perfumes y serpientes: ya, sin preludios, sobre el hombre.
¿Quién sabe cómo se conoce la realidad? Al parecer nadie: unos optan por ser felices sin preguntarse nada, otros lloran por no responderse nada, pero, de cualquier manera, ninguno llega a nada. Si la realidad lo es todo, indudablemente, es grandísima para, como lo definió Descartes, una voluntad enorme y un entendimiento ínfimo. Si aceptara eso, sería preferible terminar aquí este ensayo pues, ¿qué pretende decir un escritorcillo inexperto, qué juzgará alguien tan pequeño como yo? Pequeño porque sé que sé muy poco, pequeño porque ni siquiera creo en algo.
Y creer nunca había tanta importancia como ahora. Sí, he ahí una de las problemáticas: creer. El ser humano se pasea sin rumbo sin saber qué es y, por ende, cómo comportarse, todo por un problema de definición. Creer es lo que le sigue a definir a la vida, es conocerla a fondo, lo suficiente para permitirnos comportar según la naturaleza que nos respecte.
Parcialmente, podremos llegar a ciertas conclusiones que se nos figuren como tierra firme y, solamente, sean castillos en el aire. Es peligroso dar esa odisea por la vida pues de ello depende lo que hagamos con nuestro ser. Aún así el hombre no pierde la esperanza y sigue buscando en sí mismo. No me planteo la incapacidad de conocer la vida pues, como ya lo había mencionado, de alguna manera se puede conocer. El problema está, repito, en la inmensidad. Así pues, como muchos, me niego a no fingir que creo algo y por eso digo que, indudablemente, creo en la búsqueda de la definición a lo largo de la vida. Por eso exploro los sótanos y camino por callejuelas.
Víctor Juan Gómez Villanueva